Las normas de caballeros


200px-Maximilienne-p1000557Allá por el año 1000 de nuestra Era, la costumbre era que las batallas las pelearan la plebe y los nobles, los primeros iban vestidos y preparados de la mejor forma que podían, y los segundos iban totalmente acorazados.

Las armaduras que usaban no les daban mucha movilidad pero montados desde su brioso corcel (también totalmente acorazado) podían hacer desastres entre los soldados enemigos de a pie. Todo esto desde la seguridades y tranquilidad de que a menos de que se cometa una imprudencia (u obre la mala fortuna) se estaba teniendo una buena dosis de adrenalina sin arriesgar la vida demasiado

Pero, si el destino les jugaba una mala pasada, y terminaban en el suelo, el peso de sus armaduras les impedía moverse, por lo que quedaban totalmente expuestos a que cualquier soldado los atravesara por alguno de los puntos débiles de las armaduras (generalmente las articulaciones). Ante esto se fue imponiendo una interesante “norma” caballeresca que establecía que un caballero caído debía, automáticamente, rendirse y con esto se respetaba su vida.

Las razones para esto no tienen nada que ver con lo humanitario. El caballero debía disponer de bastante fortuna para poder tener una armadura, por lo que se le respetaba la vida para luego poder pedir rescate a sus familiares.

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